Una Lucha comun en el Exilio
"¿Mi lucha mas dura?
Cuando oscurecía, llegaba el amanecer, el hambre, el frió, la
soledad...
Yo forcejeaba con ese ente.
Tenia cuerpo de serpiente. Era enorme. Su cuerpo me
abrazaba. Sujetaba mis manos. Apretaba mi cuello.
Yo solo traía una espada. A veces lograba golpearla. Pero
los golpes eran sin fuerza. Estaba muy agotado. Quería rendirme... Anhelaba que
aquello fuera solo un sueño... un mal sueño del que pudiera despertar cuando ya
no pudiera.
Pensaba: "Si estuviera en un convencionalismo... si me
hiciera al sistema... como ellos..."
De pronto, inmerso en mis pensamientos mas depresivos,
cuenta no me di que en el forcejeo por librarme de su mortal abrazo y de su
seductora voz susurrándome rendición, no me di cuenta que accidentalmente
mutile su cabeza.
Estaba tan afanado en la lucha que no me di cuenta cuando mi
espada la decapito.
Ya había vencido. Su cuerpo se movía, pero no tenia ya sus
fauces".
Memorias de un pastor en el EXILIO

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