Un Publicano Moderno

¡LOS VI Y OÍ!

FUI TESTIGO DE LA ELOCUENCIA de la oración del fariseo.

He escuchado sus oraciones de poder. Su gratitud por ser llamado y escogido. Se viste bien. Tiene presencia. Bien rasurado. Perfume caro. Uñas bien recortadas y cuidadas. Me cautivo su imán de gentes y su carisma. Su cualidad para el liderazgo. Su oratoria y su disciplina en el estudio.

También vi, lo que nadie mas vio: Los cielos abiertos a la oración del publicano.
Allí... en el estacionamiento; llego sucio, cabello largo y desarreglado, andrajoso, olía a mezcal rancio, pero paradojicamente, su corazón despedía un aroma a perfume.
Humillado ante la grandeza de el Eterno.

Pasaban los autos y las personas. Lo miraban con curiosidad unos, con burla otros.
Clamaba misericordia. Fue oído. Se perfumo el cielo con su corazón humillado.

Nunca lo olvidare.
Memorias de un pastor en el Exilio.

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