Freestyle en la Colonia

El arte urbano, se divide en cuatro aspectos: Break Dance, Grafiti, Hip Hop y Freestyle. De todos ellos ninguno se libra de la etiqueta social. No importa cuán talentoso seas y cuanta pasión pongas en tu forma de expresión, serás etiquetado como delincuente y si eres adolescente, delincuente en potencia.

Ante el reto de que nuestros adolescentes sean aceptados y llevar a la comunidad a una mejor relación con los chicos, entendiendo las culturas urbanas y aceptar el reto de no etiquetarlos, con el fin de evitar la formacion un círculo vicioso,  fue que organizamos las tardes de freestyle.


Al principio, como todo, fue difícil. El objetivo era fue ganarnos la confianza. Nos miraban con desconfianza los chicos y el vecindario. Alguien saco un cigarro de tabaco. A los minutos, el más “gandalla”, el que necesitaba llamar más nuestra atención, encendió uno de mota. Se alejó del  grupo. Desde la distancia, llamaba a sus amigos para que se dieran un toque. Los vecinos comenzaron a asomarse por las ventanas.

Algún “buen vecino” llamo a la policía. Llego una patrulla, hacia rondines en torno a nosotros. Los chicos comenzaron a ponerse a la defensiva. A tirar indirectas a los policías. Trataba de tranquilizar los ánimos. Uno de los muchachos me dijo: “Estamos hartos… nos tienen hasta la %&%$, donde nos ven, nos “basculean” (revisan), nos ofenden…”

Cuando la policía partió, alguno de los muchachos, como lo esperábamos, lanzo la primera señal para ver hasta donde podían llegar en la conducta, me reto con el tono en sus palabras. Lo detuve con cautela, pero con firmeza. Se me quedo mirando a los ojos sin parpadear. Desafiándome. Acepte el reto. Después de unos segundos, parpadeo, agacho la vista y susurro: “…%&che wey”. Le gane.

Tardes lúdicas de freestyle, tardes de convivencia, de camaradería, de bromas, de apoyo, de diálogos informales y formales. Tardes de expresión cultural, social y espiritual. Tardes de auto-conocimiento y reflexión espiritual.

Tardes de desahogo: Un grito de impotencia por el abandono paterno, por la violencia doméstica, por la ausencia emocional de las madres, por la injusticia, por la inmoralidad social y por el hambre de Dios.
No estaban equivocados. Solo que no sabían cómo externar sus miedos.

En Rivera del Kebar y Voces de Contracultura A.C. sabemos que Dios no excluye a nadie. El, no es como nosotros.
Entre el dialogo dimos el consejo bíblico sin mencionar términos religiosos, una oración por la visita divina en los hogares. Un pacto por no dañarnos ni dañar a nuestra comunidad.

Memorias de un pastor en el Exilio…

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